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Conociendo el Castillo de Edimburgo (segundo día)

Conociendo el Castillo de Edimburgo (segundo día)
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Al día siguiente, tras las primeras impresiones de Edimburgo, nos levantamos temprano para conocer a la luz del día la ciudad. El gélido frío nos seguía acompañando, esta vez con fuerte viento, con lo que la sensación era mayor.

Monumento a Walter Scott

Nos pusimos en marcha hasta el monumento a Walter Scott. Este monumento se inauguró en 1.846 y  es de estilo gótico. En su base hay una estatua en mármol blanco del escritor, que contrasta con el color oscurecido del resto de la construcción. Se puede subir a lo alto del mismo por una escalera en caracol que hay en su interior, y está decorado con numerosas estatuas que simbolizan los personajes de sus novelas.

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National Gallery of Scotland

Continuamos por el parque de Princes Street en dirección al museo Galeria Nacional de Escocia, un edificio de estilo neoclásico que se inauguró en 1.859, en cuya planta baja, recoge obras clásicas de la pintura desde el siglo XVI hasta el siglo XIX.

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Podemos citar, entre otros, a Tintoretto (Retrato de un señor), el Greco (La bendición de Cristo), Velazquez (La vieja cocinando huevos), Rubens (San Ambrosio), Van dyck (Noble italiano; El marques Spinola), etc.

Lo que más nos gustó, fueron las salas de la primera planta dedicadas a los impresionistas franceses. Merece la pena ver las obras de Van Gogh (Los olivos; Cabeza de mujer), Monet (La iglesia de Vetheuil; Barcos en el puerto), Cezanne (Los grandes arboles; Montaña de Santa Victoria), y de otros pintores, como Sargent (La Sra. Agnew). La visita al museo es gratis.

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Castillo de Edimburgo

Después del museo, subimos por una empinada calle al Castillo de Edimburgo hasta llegar a la explanada que hay delante. Solo tiene acceso por Castle Hill y High Street, ya que está en lo alto de una colina de roca volcánica.

Desde aquí hay una vista espectacular de la ciudad, extendida en toda su longitud hasta la costa. Fue utilizado con fines militares desde el siglo XII. En la explanada de la entrada, se llevaron a cabo muchas ejecuciones. En la misma, se ahorcaron y quemaron unas 200 brujas desde 1.563 hasta 1.722. La entrada es cara, ya que cuesta unas 17 libras por persona.

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Entramos en el interior del recinto atravesando el arco del portón principal que se cierra con una verja metálica que cae verticalmente. Subimos una rampa hasta llegar a la zona que rodea el castillo. Esta parte tiene numerosas almenas y algunas edificaciones para los oficiales y el gobernador. Allí se ubican numerosos cañones bien restaurados y pintados, que apuntan a través de las troneras hacia la ciudad y la costa cercana.

Destacando el cañón (lombarda) denominado Mons Meg, que se construyó en 1.449, y que contaba con la mejor tecnología de la época, con un peso de seis toneladas. Este cañón utilizaba como balas, unas piedras de granito de más de 150 kg. Los cañones están ubicados en la típica zona donde se pueden realizar buenas fotos. Y eso fue lo que intentamos hacer, a pesar del frío intenso y del fuerte viento  que azotaba en ese momento.

Después, visitamos la capilla de Santa Margarets que se construyó en el año 1.130, y es considerada uno de los edificios más antiguos de la ciudad. Era una mujer muy devota, y tras su muerte, su hijo el Rey David I, decidió dedicarle esta capilla, donde reposan sus restos.

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Continuamos por el interior del castillo, viendo varias salas donde los reyes de Escocia recibían a sus invitados, y que hoy están dedicadas al recuerdo y homenaje de personajes y militares ilustres. También estuvimos en otra amplia sala muy bien decorada, donde se expone el armamento que utilizaban los soldados en la edad media. Numerosas espadas alineadas en la pared, un espadón para derribar caballos, varias armaduras y pistolas, se muestran para  que la gente pueda contemplarlas.

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Por último, bajamos a los sótanos donde se encerraban a los prisioneros de guerra. Aquí se han recreado los utensilios y los enseres de los cautivos, especialmente referido a los franceses capturados en la guerra contra Napoleón. Impresionan las condiciones de vida. Dormían en hamacas colgadas del techo o en jergones, en un sitio poco salubre y apenas iluminado, con alguna que otra mesa donde podían comer un trozo de pan.

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Por este castillo han pasado varios monarcas, aunque la mayoría escogió para vivir el palacio de Holyrood, que está al otro lado de la calle principal (High street). Porque ésta última residencia, es menos fría y poco expuesta a las ventoleras del castillo.

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Un recorrido tranquilo del castillo, visitando todas sus estancias, se puede alargar durante unas tres horas. Merece la pena verlo como sitio histórico, que tiene unas atractivas vistas sobre la ciudad. Pero echa para atrás, el alto precio de la entrada.

Mi ocupación actual es la abogacía, y me divierto leyendo, viajando y disfrutando de la gastronomía.

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